viernes, 18 de enero de 2008

Entrando al parque...

¡Excelente, llegamos al pueblo!

Al bajar de la lancha inmediatamente se nos acercaron varias personas a darnos información acerca de los hoteles y del volcán. El costo de entrada al "parque" es de Q.100 para extranjeros, Q.50 para guatemaltecos y Q.15 para avecindados en Sololá. Incluye: transporte desde la playa hasta la última garita de acceso (junto con la de la playa son dos) y guía local que acompaña al grupo desde la entrada hasta el camino de ascenso. Dejando de lado el juicio que se haga del valor de la entrada, hay que destacar la buena organización de la Municipalidad para tomar provecho de sus recursos.

San Pedro es también, un pueblo agradable. Tiene un encanto "rustico" que inclina los rostros hacia las sonrisas. Si se busca evitar cargar con provisiones desde la capital estas se pueden comprar en las tiendas locales - de hecho, resulta conveniente por que los precios son menores.

Aquí tuvimos una ligera disyuntiva. El problema era que ninguno de nosotros tenía los Q.50 para pagar la entrada y a pesar de que los tuviéramos no la queríamos pagar (unánimemente calificada de injusta). Entonces, las opciones eran seguir las indicaciones de Sojuel, amigo de Doris y residente de Pana, para encontrar una ruta alterna de entrada al parque o pasar la noche molestando en San Pedro la Locura. Al final todo el grupo siguió la primera opción. Pedimos a un Pick-Up un viaje al campo de fútbol por Q.30. Tras ello seguimos subiendo la carretera para encontrar la entrada al parque. Pasamos por el mirador, el basurero y aproximadamente 15 mins después llegamos a la garita.

Este momento fue uno de los más críticos de la travesía. Ese día el pueblo de San Pedro contó con un incidente que ellos mismos califican de aislado e inusual. Una turista acababa de ser violada por otro turista que, de paso, es su ex-novio. A causa de ello cuatro de los cinco policías que montan guardia en la entrada estaban cubriendo la emergencia. El policía restante insistió en que no nos podía dejar pasar sin haber pagado los Q.50 en el pueblo (el protocolo en este caso era llamar a uno de los cobradores). Sin embargo, y tras un poco de consideración hacia nosotros (por ser de noche y no tener dinero) y persuasión por parte de nosotros, sugirió un pago de Q.10 por cabeza.

Así, entramos...

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